miércoles, julio 24, 2024

Oscar Juan de Dios Filiberto. Por José Narosky

“La riqueza material es la menor de las riquezas”.

Hace ya más de un siglo, en 1885, un 11 de noviembre, nacía en una modestísima casita del barrio de la Boca un niño al que llamaron Oscar, Juan de Dios Filiberti.

En 1917, teniendo ya 32 años –siendo músico de alma desde siempre- encontró la consagración definitiva, creando “Quejas de Bandoneón”, un tango que perdura todavía aún hoy.

Ya suprimido el Oscar de su nombre, y cambiando la última I de su apellido Filiberti por la O, Juan de Dios Filiberto siguió creando.

El ese mismo año 1917, dio a luz “El Pañuelito”.

Diez años después, creó la música de “Caminito” y posteriormente la de “Clavel del Aire”, “Malevaje”, “Cuando Llora la Milonga”, y tantos otros, hoy muy famosos…

Hay personalidades cuyo aspecto físico, sus rasgos fisonómicos o tono de voz no coinciden con su personalidad.

La de Filiberto era una de esas.

No se notaba en él toda la ternura que poseía en el alma y que sus canciones expresaban plenamente.

Quizá, la extrema pobreza de su hogar infantil, marcó sus rasgos y también su carácter.

Fue lustrador de zapatos, vendedor ambulante, estibador.

Pero el músico pobre, siempre será mas rico que el millonario sordo.

Niño todavía, alguien le regaló una armónica. Y él comenzó a extraer de ese instrumento –para su propia sorpresa inclusive- sonidos de música conocida.

Pero iba creando melodías que nacían de su fina sensibilidad.

Entonces decidió aprender música. La necesitaba como un oxigeno adicional.

Porque Filiberto sabía que respirar, no era vivir.

Y primero con un compañero de trabajo y luego en conservatorio siguió penetrando en el mágico mundo de las notas musicales.

A los 20 años dejó los rudos trabajos que le desagradan totalmente.

Ya sabía música y además, tocaba aceptablemente el violín.

Entonces comenzó a enseñarlo y a integrar conjuntos musicales en su barrio de La Boca.

También leía mucho. Quería cultivarse, quería saber.

Él sólo había cursado la escuela primaria.

Su inteligencia natural le permitía intuir, que era mucho lo que ignora.

Alcanza a comprender que el saber era como el luchar contra la corriente. Si no se avanza, se retrocede.

Ya vinculado al mundo artístico, formó su propia orquesta.

Colaboró musicalmente con el dramaturgo Alberto Vacarezza en un sainete.

Actuó en varias radios, Splendid y Belgrano, entre otras, y grabó varios discos.

Pasados los 70 años, todavía dirigía la Orquesta Argentina de Cámara.

Y quiero finalizar con una breve referencia a un poeta puntano amigo de Filiberto, que creó las letras de dos de las canciones más famosas del compositor, “Caminito” y “El pañuelito”. Me refiero a Gabino Coria Peñaloza, que era 5 años menor que nuestro protagonista.

“Caminito”, es uno de los 4 ó 5 tangos que se ejecutan en más países del mundo.

En 1926 –Filiberto era de 1885, así que tenía 41 años- la Sociedad Rural Argentina, organizó un concurso de tangos.

“Caminito”, logró el primer premio.

El público asistente resistió el fallo. Se oyeron silbidos y abucheos. Arguían que se habia premiado a un tango carente de musicalidad y cuya letra era de muy pobre calidad. Agregaría que la primera valla…suele ser la más alta.

Pero el tiempo, que es un jurado infalible ya le otorgó la inmortalidad a esta bella composición musical.

Juan de Dios Filiberto moría un 11 de noviembre de 1964, a los 79 años.

Habían transcurrido 38 años de ese premio logrado por “Caminito”.

Horas antes de morir Filiberto –todavía con cierta lucidez- recordando las protestas del público por el premio, decía a los amigos que acongojados rodeaban su lecho:

-¡Y pensar que a “Caminito” lo silbaron en su estreno! expresaba con un susurro
Y quiero aqui recordar solo una estrofa -conocidisima por otra parte- para destacar todo el lirismo y belleza contenida en la misma:
«Caminito que entonces estabas

bordado de trébol y juncos en flor
una sombra ya pronto serás
una sombra lo mismo que yo»

Y la trayectoria triunfal de ese tango, y el reconocimiento que de su calidad musical y poética hicieron todos los públicos del mundo, trae a mi mente este aforismo

“El tiempo, además de un gran médico es un gran juez”.

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