Los días largos, el clima cálido y la posibilidad de practicar al aire libre hacen de esta época el punto de partida ideal. Sin experiencia ni exigencias, de manera simple, consciente y amable con el cuerpo.
No hace falta ser flexible, espiritual ni tener experiencia previa para empezar yoga. Tampoco hace falta “hacerlo bien”. El verano, con sus días largos y su ritmo más relajado, puede ser el momento ideal para probar esta práctica milenaria desde un lugar simple y amable: el de quien recién llega y se permite aprender.
Más allá de las posturas que suelen verse en redes, el yoga es una disciplina integral que propone algo mucho más profundo (y accesible): conectar con el cuerpo, calmar la mente y generar bienestar a través del movimiento consciente, la respiración y la atención plena. En su raíz, la palabra yoga significa “unión”, y esa unión empieza por escucharse.
¿Por qué el verano es un buen comienzo?
Según explicó Florencia Faiatt, psicóloga y profesora de yoga, el calor ayuda a que los músculos estén más relajados y favorece la movilidad, siempre que se practique con cuidado y sin forzar. Además, el clima invita a moverse distinto: al aire libre, en contacto con la naturaleza o en espacios más ventilados, lo que puede hacer la experiencia más placentera.








