viernes, febrero 23, 2024

A 13 AÑOS DE LA MUERTE DE LUCIANO PAVAROTTI

Por José Narosky

«Los grandes cantantes, fueron sus propios maestros»

Se ha escrito y expresado tanto sobre Luciano Pavarotti, este tenor de voz inigualable, que me parece más oportuno relatar simplemente una anécdota que le atañe a este cantante, fallecido de un cáncer de páncreas el 6 de septiembre de 2007 en Módena, la ciudad italiana donde había nacido hacía 71 años.

El italiano Luciano Pavarotti creó belleza a través de sus canciones.

Cuando Pavarotti tenía 22 o 23 años, concurrió a una fiesta en un pueblo llamado Maggiore, a 30 o 40 kilómetros de su ciudad natal. Él ya había comenzado un noviazgo con una chica vecina de su hogar paterno, en Módena. A la fiesta, en ese pueblito de Maggiore, había concurrido, sin mencionárselo a su novia, con un amigo.

Allí tuvo ocasión de conocer a una hermosa muchacha rubia que lo atrajo de inmediato. Pavarotti ya actuaba en algunos festivales de la zona, e incluso había incursionado en una modesta emisora de su ciudad natal. Por supuesto que aún no tenía la popularidad que adquiriría posteriormente. Por esa circunstancia su rostro no era conocido.

La muchacha de la fiesta del pueblo le contó que ella estudiaba canto hacía varios años y que había escuchado por una emisora de Módena a un tenor que la había realmente deslumbrado y que se llamaba Luciano Pavarotti. Éste –picardía de joven- no se identificó, por temor a que su verdadera novia se enterase. Y por ello se atribuyó un nombre supuesto. Además, le agregó que él también estudiaba canto.

Mujeriego como realmente era, comenzó a salir también con ella. Y en una ocasión, en la pequeña plaza de ese pueblo, sentados en un banco, ella comenzó a entonar unos compases de “La Traviata”, la famosa ópera de Verdi. Y Pavarotti comenzó a tararear junto con ella.

La muchacha, de buen oído musical, le dijo: «Cantas muy parecido a Luciano Pavarotti, el tenor que suelo oír en la radio de Módena». «Gracias», le respondió él, esforzándose por no revelar su nombre, por temor a que su novia se enterase, de su infidelidad.

Después de ese día jamás volvió a visitar ni a ver a la muchacha de Maggiore. Transcurrieron casi 40 años.

Una noche, saliendo Pavarotti del teatro “A La Scala de Milán”, donde había cantado el rol protagónico de “Traviata” y ya en la vereda del teatro, iba a subir a su automóvil. En ese momento, se acercó a él una dama de unos 60 años.

«¿Me recuerda?», le dijo la señora. «La verdad que no, perdóneme”, respondió Pavarotti. Entonces continuó la dama: «Yo fui aquella jovencita del pueblo de Maggiore, que estudiaba canto”.

Y agregó la mujer: “Recuerdo que salimos varias veces y hasta entonamos breves trozos de La Traviata juntos. Claro. en aquella ocasión usted, no se identificó como Luciano Pavarotti».

“Ahora -siguió diciendo-, viuda y con tres hijos grandes, necesito decirle que usted fue mi primer amor. Quiero que sepa que no lo olvidé jamás, y cuando años después vi su foto en los diarios, como gran figura de la lírica, volvió a mí, no sólo su recuerdo como hombre, sino su voz, que en aquel minuto en un banco de la placita de mi pueblito, unió su voz a la mía en un dúo, muy breve, que tampoco pude olvidar jamás. ¡Gracias!”.

Y la mujer se retiró, con lágrimas en los ojos. La emoción contagió al cantante, que ya no pudo articular palabra alguna. Y una lágrima que puede decir más que un llanto asomó a sus ojos.

Recuerdo que cuando leí la anécdota, me emocioné.

El tenor reveló este hecho, que lo conmovió enormemente, en una entrevista periodística.

Y algunas apreciaciones finales: considero que la música nació para que el hombre pueda volver al paraíso. Y un grande de la música que nos acercó al paraíso, fue precisamente Luciano Pavarotti.

Si se hiciera una encuesta sobre cuales fueron los siete u ocho tenores más famosos del mundo a través de los tiempos, estarían sin duda, los italianos Enrico Caruso, Beniamino Gigli, Tito Schipa. También figurarían por derecho propio, los españoles José Carreras y Alfredo Krauss.

Y obviamente, Placido Domingo, que vivió su infancia y adolescencia en México, pero que también es español.

Y por supuesto, no podría faltar Luciano Pavarotti, uno de esos grandes de la lírica, que derribaron fronteras.

Agregaría que Pavarotti no eligió ser cantante. Diría que fue elegido. Y permanecerá para siempre en el corazón de todos aquellos, que vibran con lo bello. Y él, por cierto, creó belleza.

Y un aforismo final relacionado con estas palabras: CREAR BELLEZA ES VENCER A LA MUERTE

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