miércoles, abril 17, 2024

LA GUERRA DE LAS DIETAS: LOS CARBOHIDRATOS SON DEFINITIVAMENTE EL PROBLEMA, ¿LLEGÓ EL FIN DE LAS DIETAS TRADICIONALES?

Un reciente estudio internacional realizado sobre la dieta de más de 135 mil personas advirtió que hay más motivos para temerle a los hidratos de carbono que a las grasas.

El estudio internacional PURE realizado en 18 países, incluida la Argentina y fue publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet.

A través de un seguimiento de la dieta de personas de ámbitos urbanos y rurales de entre 35 y 70 años de edad por más de 7 años, el estudio PURE halló que en las poblaciones donde los hidratos de carbono representan más de las tres cuartas partes de la dieta, la mortalidad es 28% superior que en el resto.

Por otra parte –y contra lo que se tendía a pensar–, la mortalidad resultó un 23% menor entre quienes consumen alrededor de un 35% de grasas que entre los que consumen mucho menos (11%).

Para Lucio Criado, profesor del Posgrado en Diabetes y Metabolismo de la Universidad Católica Argentina y vicepresidente de la Sociedad Argentina de Medicina, la magnitud y la representatividad de este estudio «tornan concluyente la evidencia respecto de uno de los aspectos del problema».

«Quienes consumen más hidratos de carbono refinados son los que más se enferman. Esta publicación refleja que Ninguna dieta sana puede basarse en un 77% de hidratos de carbono», indicó Criado.

Según el especialista, aparece una de las limitaciones del estudio PURE en relación a las grasas, primero, porque es sabido que hay algunas (como las provenientes de los aceites vegetales crudos y los pescados) que en su justa medida sí son beneficiosas y necesarias al organismo, y otras que no, y en el estudio no se consigna esa diferencia.

«Las grasas saturadas provenientes de animales contribuyen a la enfermedad arterial aterosclerotica, infarto de miocardio y accidente cerebrovascular», sostuvo el especialista.

Además, agregó que la segunda limitación importante del estudio PURE es que «un tercio del relevamiento se realizó sobre población oriental cuyo consumo de grasas es realmente muy bajo –no es el caso de la dieta típicamente argentina–, y justamente no se hace la distinción entre ambos tipos de grasas».

Sólo desde ese punto de vista, un razonable aporte de aceites vegetales sería preferible a una dieta de puros carbohidratos refinados o azucares.

Tampoco todos los hidratos de carbono tienen la misma calidad nutricional.

El de las frutas y verduras frescas, por ejemplo, es superior al de las harinas refinadas y dulces.

«La peor combinación es la que llamamos ‘dieta carbo-grasa’, que combina hidratos de carbono de absorción rápida –provenientes de las harinas y los dulces– con grasas saturadas conocida popularmente como dieta -chatarra», afirmó Criado.

Ezequiel Álvarez, médico del staff de PronoKal Group, compañía internacional dedicada al desarrollo de tratamientos para el descenso de peso, comentó que «lo que el estudio PURE y varios otros estudios anteriores nos han llevado a pensar es: ¿cómo es posible que haciendo dietas con cada vez más hidratos de carbono y más restringidas en grasas, cada vez nos enfermemos más?».

Álvarez indicó que la respuesta es «el incremento de colesterol LDL y de triglicéridos se debe, principalmente, al consumo de hidratos de carbono».

Los métodos tradicionales para bajar de peso se basan en un principio sencillo: si un gramo de grasa contiene 9 calorías y uno de carbohidratos sólo 4, entonces con sólo reemplazar las grasas de la dieta por hidratos de carbono la ingesta de calorías ya de por sí será menor.

Sin embargo Alejandro García, médico endocrinólogo, explicó que perder peso con estas dietas hipocalóricas convencionales – históricamente reguladas según la proporción de 55% de hidratos de carbono, 30% de grasas y 15% de proteínas– conlleva un riesgo, ya que, «sobre todo en las primeras etapas, se pierde mucha masa muscular, cuando en realidad lo que hace sostenible la pérdida de peso es contar con masa muscular».

Por cada kilo de peso correspondiente a masa muscular, el organismo aumenta 800 calorías diarias su consumo por metabolismo basal: «Cuando el organismo pierde musculo, no gasta energía», dijo.

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Hacia un cambio de paradigma.

La pérdida de masa muscular que producen las dietas hipocalóricas a base de cabrohidratos se ha logrado revertir con una dieta proteinada como la del Método PronoKal, el cual, al suministrar 1g de proteína diaria por kilo de peso, «permite bajar de peso a expensas de la masa grasa que el organismo tiene como reserva, y no se pierde masa muscular, porque la suplementación de proteínas preserva la masa muscular», explicó García, quien comentó que esto ha sido demostrado «en especial el estudio ProKal, que mostró las ventajas de este tipo de tratamiento a dos años de seguimiento».

Por su parte, Criado aclaró los tantos respecto de las diferencias entre un tratamiento médico y las recomendaciones para la población general: «Consumir altas cantidades de hidratos de carbono es malo, así como de grasas o de proteínas, sin un programa nutricional supervisado de principio a fin como es el caso del programa PronoKal».

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